Hace mucho tiempo, exactamente hace 2000 años, no existían ni el sol ni la luna. Pero, sí existía un solo astro al que llamaban Dión. Él estaba en el cielo las 24 horas del día y los 7 días de la semana. No tenían ni vacaciones ni descanso. Los habitantes de Teotihuacán le habían puesto de nombre Dión porque era su manera de llamarlo Dios, sin ofender a los dioses.
Un día, el Dios Supremo invocó a una reunión en las nubes. A la reunión fueron invitados todos los demás dioses. El motivo de la reunión era pensar ideas para deshacerse de Dión:
- Ese Dión nos roba toda la admiración que el pueblo debería tener con nosotros- Se quejó la diosa del agua, Viana.
- Creo que deberíamos deshacernos de él- Dijo el dios de la arena, Marck.
- Sí, pero ¿cómo?- Preguntó el dios de la vegetación.
- Lo que debemos hacer no es deshacernos de él- Dijo el dios de los dioses- sino, crear otro astro que le robe protagonismo:
- Yo tengo una idea, no se preocupen- les contestó el otro dios.
Los demás dioses se fueron despreocupados a sus lugares de trabajo.
Al día siguiente, Dión no existía más, había sido dividido en dos: un astro brillante y malhumorado llamado sol y otro apagado y dulce llamado luna.
Al principio se llevaban bien, pero con el paso de tiempo sus egos no le permitieron estar más juntos. La luna empezó a salir después de las 8 de las noche, luego de que se fuera el sol y volvía a su hogar a las 6 de la mañana, de ésta manera se creó la noche. El resto del tiempo el sol se quedaba en el cielo, así se creó el día.
| La autora del relato: Narela Closas. |
EXCELENTE TEXTO!!!
ResponderEliminarFelicitaciones a la escritora: Narela Closas
¡Gracias Diana!
ResponderEliminarNarela es una joya y tiene pasta de escritora, tiene talento.
Saludos.
Muy bonito.
ResponderEliminar:-)
Precioso cuento! cuánta imaginación!
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