domingo, 27 de enero de 2013

Un Día Normal


"La vida no es mas que un pozo que 
con los años no hace más que ahondarse."
                                                                       Juan Jose Saer (El entrenado)

            La ciudad estaba tranquila, por ahora. Nadie sabía, ni sospechaba, que a las afueras de Nueva York se estaba cometiendo otro delito. Otro cruel, sádico y horrible delito que los detectives de Unidad de Victimas Especiales debían resolver.
            Olivia Benson llega a su trabajo a las 07:15 como siempre. Su compañero, Elliot Stabler, le informa del nuevo caso. Se maldice a ella misma, odiaba cuando las palabras "violación", "niña" y "asesinato" estaban en la misma oración,  pero que más podía hacer. Los enfermos mentales estaban en todo el mundo.
            Su deber era resolver esos casos. La niña asesinada se llamaba Maddie, no tenía mas de 10 años. Su pequeño cuerpo fue encontrado en el bosque, lejos de la ciudad que nunca duerme.
            En sus 40 años de vida y 15 años de carrera, Olivia no se encontró con  una escena del crimen tan diminuta. La niña rellenaba con su cuerpecito el interior del tronco de un árbol hueco. Pero...¿Qué mas se podía hacer? ¡Díganme ustedes1  ¿si sus vidas siguen ?. Por ahora.
                                        
                                                                       AutoraNare Closas


Perspectiva de una sobreviviente


Como todos sabemos, Tokyo es una de las principales ciudades del mundo gracias a sus avances tecnológicos que son exportados a todos lados. Pero, como todo núcleo urbano tiene sus días buenos y malos. Para los japones uno de los peores momentos  que vivió Tokyo fue la catástrofe natural conocida como: "EL TERREMOTO".
           Durante esa jornada de calor, la temperatura llegaba a los 40° grados y la ciudad, en medio de los ruidos, no tenia ni idea de la cataclismo que se avecinaba.
            Katy, mi hija de 10 años, jugaba tranquila en la pradera. Mi esposo estaba hablando por teléfono.   ENos encontrábamos de vacaciones  en Japón.  Somos de Estados Unidos . A mi esposo no le gustan los ruidos de la ciudad, así que nos alojamos  en una cabaña en el campo.
-Mami, ¿hoy podemos ir a visitar la ciudad?- preguntó Katy, con la dulzura que la caracterizaba.
-No lo sé amor, deberíamos preguntárselo a tu padre- le contesté.
-Mama, sabes que si le preguntamos va a decir que no. Vayamos nosotras dos mientras el duerma la siesta- me propuso Katy.
Yo acepté, también quería conocer la metrópoli.
            Después de que le contestara , Katy volvió  a jugar afuera . Yo empecé a preparar el almuerzo. Una comida  japonés: sushi. No sé si lo hice bien, pero mi marido y mi hija  comieron muy gustosos. Luego del almuerzo, mi marido, como supuse, se  fue a tomar una siesta. El se levantaba muy temprano.
            Salí con Katy y caminamos un poco hasta llegar a una parada de autobuses. El coche  llegó a los cinco minutos. Ese colectivo nos condujo directamente al centro de Tokyo.
            Con Katy empezamos a recorrer todos los centros y tiendas del lugar . Habíamos comprado unos recuerditos . No se muy bien en qué instante cambió todo.
            Llevé a Katy al parque a jugar un rato, luego mi niña me pidió ir a visitar un edificio ultramoderno. Nuevamente consentí. Nos encaminamos a uno de los mejores hoteles de la ciudad. Ella me arrastró  hasta dentro del hotel. De la nada, empezó un temblor.
            Desperté bajo unos escombros. Todo estaba lleno de agua. Como pude, saqué los cascotes que estaban sobre mi cuerpo. Miré a mi alrededor, había cadáveres ,y escasos sobrevivientes, por todos lados. Katy no estaba cerca . La busqué por todos lados. Grité su nombre varias veces. No obtuve respuestas. Empecé a buscar bajo los desechos. En un momento, mi mano noto una superficie blanda.  La desenterré como pude. Era mi bebé. Bueno, lo que quedaba de ella, sus despojos.  Hubiera estado más tiempo con ella, pero los rescastistas me sacaron de ahí bastante rápido.  Me pusieron anestesia.
            Volví a despertarme en el hospital. Mi esposo estaba a mi lado. Luego de asegurarse de que estuviera bien, me gritó y regañó por haber llevado a nuestra hija a la ciudad, a  su lugar de muerte.
            Jamas pude soportar la pérdida de mi chiquita. Unos meses después  mi marido me dejó. Intenté suicidarme dos veces. Estimo  que esa es la razón de que hoy me encuentre internada en un hospital psiquiátrico.

                                                                                         Autora:  Nare Closas


                                                                                                          

Los Onas y los Yaganes: La Venganza de las Mujeres


En épocas remotas, en la aldea de los indios de los Onas y los Yaganes (Tierra del Fuego), las mujeres eran quienes hacían todo. Desde cazar la comida hasta cuidar a los hijos. Todo eso cambió cuando los hombres, cansados de recibir ordenes de las mujeres, asesinaron a todas. Solamente las niñas recién nacidas se salvaron de la matanza. Crecieron creyendo que sus únicas obligaciones era hacer caso a los hombres y tener hijos. También aceptaron eso sus hijas y las hijas de sus hijas.
            Ese modo de crianza siguió hasta dos siglos más tarde, cuando una valiente y rebelde niña, llamada Agua (en honor a uno de los elementos de la naturaleza imprescindible para vivir), investigó. Investigó e investigó, hasta dar con la verdad: en el pasado los hombres asesinaron a muchísimas mujeres para que sus hijas les  hicieran caso.
            Un día todos los hombres salieron a cazar y ya se sabía que volverían en dos días , Agua convocó a una reunión de chicas. En el encuentro les contó a todas sus averiguaciones. Las mujeres, furiosas, tramaron un plan para deshacerse de los hombres. Cuando los hombres volvieron de la cacería  en la que les fue muy bien, encontraron a las mujeres quemando todas sus pertenencias. Los hombres quisieron repetir la historia de  sus antepasados .Las mujeres, se defendieron todas juntas.
            Los hombres  tuvieron compasión  Les dijeron que si hacían como si nada hubiera pasado, las perdonarian. Las mujeres no aceptaron y abandonaron la tribu llevando consigo a sus hijos y  sus pertenencias. La tribu ya sin mujeres, se extinguió.
                                              
                                                                         Autora: Nare Closas


La Verdadera Historia de Caperucita Roja


Todos conocemos el cuento de la Caperucita roja, ese cuento en que la niña quiere llevar comida a su abuela y en el camino la interrumpe el lobo, quien le pregunta a donde se dirige y luego de que ella le contestara  a la casa de su abuela; el lobo la engaña para que tome el camino más largo y así el pueda ir abreviando el camino para llegar antes y  comerse finalmente a la abuela. Bueno, ese cuento es mentira, no del todo , pero tampoco es la versión verdadera. La historia paso así:
            Caperucita Roja era una niña de 12 años, para ella el rojo representaba sangre, nunca estaba de buen humor  Un día  su madre le pidió por favor que le llevara un poco de comida a la casa de su abuela, luego de hacer sus caprichos de siempre, Caperucita aceptó  sin ganas. Por el camino recolectaba moras y cortaba hojas a modo de  diversión (y no flores para llevar a su abuela como dice la historia conocida). Mientras iba recolectando sus cosas, la niña vió a un lobo que tomaba, gustosamente, el agua que había en un pequeño arroyo. Caperucita, como se sentía aburrida, le tiró una piedra al lobo, con tanta suerte que le dió en la cabeza.
            El lobo, con un mal carácter  se puso furioso  luego de  sentir el efecto de la piedra. Primero, gruñó  advirtiéndole que debía alejarse, antes de que reaccionara.  Caperucita, no le hizo caso a las amenazas del lobo y empezó a hacerle caras para que se enojara más . Al animal se le había acabado la paciencia. Empezó a perseguir a una joven llena de miedo por todo el bosque. La astuta niña, corrió en  dirección  a la casa de su abuela.  Entró rápidamente en ella,  la encontró cocinando.
            Luego de que le contara la historia, la abuela la regañó por su mal comportamiento con el animal. Más tarde, divisó por la ventana y se percató de que el lobo rondaba por el patio esperando su salida.  La abuela y su nieta se quedaron dentro de la casa hasta que pasara alguna persona que las ayudara.
            Mas tarde, dos horas aproximadamente, un  leñador que transitaba por el lugar las auxilió. Con su hacha mató al lobo y salvó a las dos mujeres.
            Cuando le preguntaron  a Caperucita que pasó, ella  mintió. Le contó la historia que todos conocemos. Su historia se difundió y se hizo conocida en todo el mundo, pero pocos sabían la verdadera historia.

                                                                   Autora: Nare   Closas       

                                                                                               

Nueva Personalidad


Era una noche con bastante lluvia, mas bien un día con bastante lluvia. No había parado de llover hace cuarenta y ocho horas. Mary cruzaba el puente que la dirigía camino a  casa. Siente que alguien la persigue. Mira hacia atrás, no encuentra a nadie. Vuelve a sentir la presencia, esta  vez  más  cerca. Se da vuelta y lo ve.  Lo reconoce al instante  Era el hombre al que  había rechazado la noche anterior. ¿Como era que se llamaba? Ahh, sí, Mr. Hyde.  Ella  le  grita: 
-¡¿Por qué demonios me estas siguiendo?!-
El no responde, directamente saca un cuchillo.   Mary corre, corre y corre, hasta que se cae  por el barro que hay en el camino. Grita por su vida. El, sin compasión  le corta el cuello, es  bastante profundo. Muere desangrada
                El cuerpo fue encontrado al día siguiente por un vendedor ambulante. El nuevo sargento dirige el caso. El cadaver estaba con mucho barro, por lo que no se puede determinar la causa del escalofriante desenlace . El caso se cierra con veredicto de muerte causada (como se lo conocía en el antiguo Londres) por Jack, el destripador. Nadie sospecha del verdadero asesino.
                Al día siguiente, el Dr. Jekyll se despierta en un callejón.  Ya se había acostumbrado a despertar en diferente lugares todos los días,  nota que no le duele la cabeza, deduce que no tiene resaca por que no tomo la noche anterior. Eso le parece raro, a Mr. Hyde le encantan las fiestas y el alcohol. En ese momento no le da mucha importancia. Vuelve a su casa y toma un baño. Ya a dentro de la tina, descubre una horripilante sorpresa: una mancha.
                No una  cualquiera, sino de sangre. Advierte que no tiene cortaduras en su cuerpo, deduce que el líquido  no es de el. ¿Si no es de el?¿ A  quién le pertenece? Se espanta al pensar lo que puede haber hecho anoche Mr. Hyde. Se le pasan mil cosas por la cabeza: una pelea fuera del bar, sangre del animal muerte, o peor , alguna   persona muerta. 
  Recuerda lo que había leído en el periódico  esa mañana "Joven encontrada muerta cerca de su casa". No, Mr. Hyde no  mataría a nadie. Y si no fue Mr. Hyde ¿Quién fue?
                Empieza a hacer pruebas y más pruebas: exámenes de sangre. test psicológicos, etc. A las dos semanas da con la verdad: el Dr. Jekyll, alias Mr. Hyde, tiene una nueva personalidad.
                Desde entonces decidió bautizar a su nueva personalidad como Señor Hunt. Quien  era vioelento, malo y cruel, no le importaba ni su vida, ni la de la demás personas. Hasta ahora llevaba cargado tres asesinatos:   dos chicas que habían rechazado a Mr. Hyde y a un hombre que trabajaba en un bar. 
El señor Hunt aparecía cuando Mr. Hyde se enojaba. Al Dr. Jekyll no le quedo opción que convivir con las tres personalidades en su cuerpo.

                                                                                                Autora:   Nare Closas



La Máscara de Hierro


  Todo comenzó,  ese fatídico día en que unos niños traviesos jugaban el la costa del rió.  Se mojaban, se tiraban de un chapuzón como si fuera una pileta, hacían castillos en la arena, se cubrían con la tierra que había ahí, y otras cosas típicas de su edad. Eran siete chiquillos, los siete de la suerte los llamaba el pueblo. Seis niños y una niña. Allan, Jorge, Pablo, Diana, Richard, Lorenzo y José,  eran sus nombres. Toda la diversión acabó cuando Lorenzo cayó de cara a la arena. Al principio, todos creyeron que su amigo se  había tropezado con una piedra.                 Grande fue la sorpresa de los niños al saber que su compañero de juegos no se había caído por la culpa de una piedra, si no con algo más horripilante.
                Al niño   había topado  con una máscara, no una mascarilla  de carnavales, que son todas coloridas y lindas; si no una máscara grande y oscura, como esa la que se usan en las sectas. Lo que mas impactaba del elemento en cuestión era que estaba hecho totalmente de hierro. Tenía un par de huecos grandes sobre lo que supuestamente eran los ojos y ,otro, de mayor tamaño en lo que se espera parecía ser  la nariz, 
                Richard, el gracioso del grupo, empezó a aplaudir mientras decía:
-Alabado sea el herrero que la hizo.- El resto del grupo se reía  por el comentario de su amigo.
                Entre medio de las risas, Diana dijo:
-¡Chicos, mejor vayámonos a casa!. Nuestros padres deben de estar esperándonos.
-Bueno, pero ¿Quién  se queda con la máscara?- Preguntó el listo del grupo, Allan.
                Luego de esa frase el equipo tuvo una acalorada discusión por quien se quedaría con el hallazgo. Al final, acordaron que cada uno tendría la mascara un día por semana. Iban a llevársela por orden alfabético  Hoy la transportaría Allan, mañana Diana, pasado Jorge, el día después de ese José , luego Lorenzo, despues Richard y por último Pablo.
                Una vez que acordaron la situación  cada uno se dirigió  hacia su casa. Lo curioso, es que ninguno nunca llego a su respectivo hogar. Jamás  se supo nada de los siete de la suerte. Lo único que encontraron de ellos eran la mochila de cada uno a un par de cuadras de sus hogares, y arriba de la mochila de Alan, una mascara de hierro, muy rara. Nadie había notado que detrás de ella  había una inscripción que decía:    
                                                               "La maldición renace"

 Autora:     Nare Closas