En épocas remotas, en la aldea de los indios de los Onas y los Yaganes (Tierra del
Fuego), las mujeres eran quienes hacían todo. Desde cazar la comida hasta
cuidar a los hijos. Todo eso cambió cuando los hombres, cansados de recibir ordenes de las mujeres, asesinaron a todas. Solamente las niñas recién nacidas se salvaron de la matanza. Crecieron creyendo que sus únicas obligaciones era hacer caso a los hombres y tener hijos. También aceptaron eso
sus hijas y las hijas de sus hijas.
Ese modo de crianza siguió hasta dos
siglos más tarde, cuando una valiente y rebelde niña, llamada
Agua (en honor a uno de los elementos de la naturaleza imprescindible para
vivir), investigó. Investigó e investigó, hasta dar con la verdad: en el pasado los hombres asesinaron a muchísimas mujeres para que sus hijas
les hicieran caso.
Un día todos los hombres
salieron a cazar y ya se sabía que volverían en dos días , Agua convocó a una reunión de
chicas. En el encuentro les contó a todas sus averiguaciones. Las mujeres,
furiosas, tramaron un plan para deshacerse de los hombres. Cuando los hombres
volvieron de la cacería en la que les fue muy bien, encontraron a las mujeres
quemando todas sus pertenencias. Los hombres quisieron repetir la historia de sus antepasados .Las
mujeres, se defendieron todas juntas.
Los hombres tuvieron compasión
Les dijeron que si hacían como si nada hubiera pasado, las perdonarian. Las mujeres
no aceptaron y abandonaron la tribu llevando consigo a sus hijos
y sus pertenencias. La tribu ya sin mujeres, se extinguió.
Autora: Nare
Closas

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